Afrocubanos, Sociedad Y Política

Los afro descendientes cubanos jugaron un papel determinante en la historia y la política de la nación. La visibilidad de los afrocubanos se sustentaban principalmente en la prominencia de algunos líderes militares negros cuyos nombres estaban ligados íntimamente a la causa independentista,  varios de los oficiales negros y mulatos de más alto rango, como Antonio Maceo y José Maceo, Flor Crombet y Guillermo(Guillermon) Moncada, habían alcanzado el rango de héroes nacionales; también los generales Jesús Rabí, Agustín Cebreco, Quintín Banderas, Juan Eligio Ducasse, Prudencio Martínez, Pedro Díaz y otros eran reconocidos por su contribución a la causa de una Cuba libre. Todos estos cubanos negros eran símbolos de la participación afrocubana en la guerra de independencia, y representaban una fuente potencial de liderazgo para resistir los esfuerzos de aquellos que querían minimizar el papel del negro en la construcción de la nación.

La trascendencia social y política de estos veteranos negros fue garantizada a través de interminables banquetes en su honor, el interés de los partidos políticos emergentes para atraerlos, y la creación de clubes sociales y políticos en su nombre. Sus actividades sociales y políticas recibieron amplia cobertura de la prensa. En 1900, por ejemplo, se dio un “banquete amistoso” en Santiago de Cuba en honor al General Rabí con  la participación de “todas”, las autoridades civiles, religiosas y judiciales, mas representantes de varias corporaciones, periódicos y “la mayoría de los ciudadanos valiosos” de la ciudad.

Quintín Banderas es otro ejemplo de visibilidad, prestigio y liderazgo, él acometió tareas muy importantes en la historia de Cuba como fue la de en 1899 organizar y presidir el Partido Nacional Cubano de Oriente,  mas tarde llamado Liga Nacional Cubana y en su honor también se celebraron banquetes y fiestas.

La contribución de los afrocubanos a la independencia de Cuba no podía ser ignorada, haciéndose obvia en actos patrióticos como la inauguración de la República el 20 de mayo de 1902. Ese día un grupo de soldados del ejército libertador, descrito por la prensa como una  “fuerza cubana”, la mayoría de los rostros “bronceados”, marcharon a través las calles de La Habana bajo las órdenes del General Pedro Díaz,  jefe del sexto ejército y amigo personal de Antonio Maceo. Los generales negros aparecían también en otros actos públicos de significado patriótico, como los conmemorativos del comienzo de la Guerra de los Diez Años.

   Los patriotas  negros cubanos ganaron un espacio en la vida social y política de la isla, pasando a formar parte importante en la misma; ejemplo de eso fue la enfermedad y muerte de Rabí que fue seguida de cerca por la prensa nacional, con cobertura de primera plana. La procesión fúnebre del patriota negro Rafael Serra y Montalvo, fue encabezada por el propio Presidente. Incluso si la dirigencia blanca participaba en estos actos públicos como una manera de atraer el voto negro, estaba dando también un reconocimiento público al papel jugado por los afrocubanos en la formación de la nación cubana. El liderazgo y visibilidad fueron también proporcionados por un número de patriotas negros que carecían de credenciales militares, pero que habían contribuido a la causa de la independencia. Juan Gualberto Gómez  era uno de los  más eminentes de estos líderes afrocubanos. Hijo de esclavos y colaborador cercano de Martí,  Gómez  se convirtió en el líder afrocubano más notable en la isla por los años 1890, cuando presidió el Directorio Central de Sociedades de la Raza de Color y comenzó a publicar el periódico “La Igualdad”. La importancia del Directorio en las luchas por la independencia y contra la discriminación racial es ampliamente reconocida. La organización abarcó aproximadamente cien sociedades a lo largo de la isla en 1893, y emprendió una campaña exitosa para el reconocimiento de los derechos civiles y la igualdad legal de los afrocubanos. Otra de las contribuciones del Directorio es que proporcionó un espacio en el cual los activistas afrocubanos adquirieron habilidades organizativas y políticas que les permitirían más tarde jugar un papel público activo en la república.

La vida de Manuel Delgado ejemplifica claramente esta trayectoria. En 1892 la sociedad La Luz un club negro de Yaguajay, lo nombró delegado anta el Directorio. Delgado más tarde se une al Ejército Libertador, llegando a ser comandante. Después de la independencia, sirvió como teniente de la guardia rural, miembro de la asamblea provincial en las Villas, y representante en el Congreso Nacional. Bajo el Presidente Machado, Delgado se convirtió en miembro del gabinete, primero como Secretario de Agricultura y luego como Secretario del Interior.

Otra figura pública negra que había estado involucrada con el Directorio y el periódico La Igualdad antes de participar en la guerra, en la cual ganó los grados de coronel luchando como miembro de la plana mayor de José Maceo, fue el periodista y escritor Lino D`Ou.

D`Ou organizó varias sociedades negras en Santiago de Cuba y Guantánamo y se convirtió en Representante de la provincia de Oriente en 1908 por el Partido Conservador. D`Ou fue una figura política e intelectual destacada hasta los días de su muerte en 1939.

Otros ejemplos también fueron Laudelino García, Juan travieso y Ramón Canals. García termino la guerra como capitán del Ejército Libertador, y fue más tarde miembro de la asamblea provincial de Las Villas. Travieso se convirtió en representante y fue más tarde conocido como el “patriarca” de su pueblo nativo Bejucal, cerca de La Habana. Canals era un propietario de tienda que se fue al exilio durante la guerra y que sirvió como concejal de La Habana en 1908-1910 y 1912-1916.

Los héroes negros de la independencia proporcionaron también visibilidad y prestigio a los afrocubanos incluso posterior a su muerte; Antonio Maceo era el más venerado, citado, y disputado símbolo de la fraternidad racial cubana. La muerte de Maceo en combate era conmemorada cada año con procesiones masivas a su tumba que invariablemente incluían a los políticos y a representantes de las sociedades y clubes  negros. El congreso celebraba sesiones especiales en honor a su memoria, se construyeron parques, se erigieron monumentos y se nombraron calles en honor al general mulato. Como parte de sus esfuerzos por atraer el apoyo afrocubano, el Presidente Machado declaró la fecha como día feriado nacional en 1930.

La popularidad y prestigio de los héroes y veteranos afrocubanos eran indicativos de una realidad inevitable; incluso aquellos que despreciaban a los negros, tenían que reconocer su existencia y afrontar la realidad de su participación en el orden político emergente.

No había discusión la existencia de los negros tiene que ser tenida en cuenta en cada fase de la reconstrucción de la isla.

Pero no se puede hablar del tema que nos ocupa sin que sea mencionada la Agrupación Independiente de Color que se fundó el 7 de agosto de 1908 y que prontamente se comenzó a llamar Partido Independiente de Color (PIC), dentro del cual militaban afrocubanos que marcaron pautas en la historia política de Cuba, como fueron Evaristo Estenoz, Presidente, Agapito Rodríguez y Pantaleón Valdez, vice-presidentes, Gregorio Surin, secretario, y Julián Valdez, vice-secretario.

El PIC se constituyó para responder a las necesidades de que impone el mayor desenvolvimiento de progreso y civilización del elemento de color,  aspiración que hasta ahora no podían satisfacer los partidos políticos en que  han militado sus miembros. Sus intenciones no estaban en  excluir o sobrepasar a la población blanca, ni en querer gobernar el país con intereses de raza, sino exigir a través de un programa nacionalista los derechos de los negros, los que hasta ese momento ningún partido había podido realizar.

Sin embargo fueron incomprendidos y sale a relucir otra figura negra del quehacer intelectual y político de la época, me refiero a Martin Morua Delgado, que llegó a ostentar el cargo de senador. Morua quien a pesar de reconocer la necesidad de mejorar las condiciones sociales, económicas y morales de la raza negra, no aprobaba la idea de organizar un partido político como alternativa para estos fines.

Pero avancemos un poco más en la historia de la mayor de las Antillas, que había presenciado el ascenso de un número mayor de cubanos negros en la política, y así poco a poco ganaron más espacios de participación. Después de 1935, mas políticos negros participaban de la vida pública y dirigieron movimientos sociales, me refiero a los casos de Lázaro Peña y Jesús Menéndez, quienes llegaron  a estar presentes en debates de la Asamblea Constitucional de 1939.

Un poco más adelante es decir después de 1959, el panorama para los afrocubanos en cuanto a jugar un papel en los puestos gubernamentales era desolador, la presencia de negros en los escalones superiores del gobierno y del PCC era casi nula, los cambios en la composición racial de la dirección fueron sumamente lentos. Los negros y mulatos según el censo hecho en 1986 representaban solo el 9% en el Comité Central del PCC en 1965, un estimado 7% en 1975 y alrededor del 12% en 1980. Su proporción no era superior en los buros ejecutivos provinciales 8% en 1974. Estos datos que no han ascendido mucho hasta nuestros días a pesar de políticas erróneas y desacertadas  aplicadas por la elite mayoritaria blanca gobernante, como la asignación de cuotas a las distintos status de gobierno, sin tener en cuenta que la problemática racial en Cuba debe ser tratada desde otra perspectiva y buscando la concientización, como es posible que se obvie toda esa tradición de los afrocubanos en cuanto a su participación activa tanto en la vida social como política del país.

Si bien en esta etapa de la historia de Cuba los negros no se visualizan en el poder real es por la conveniencia de la elite gobernante de mantenerlos alejados de su entorno blanco. Los pocos que han escalados son figuras virtuales incapaces de exponer la problemática racial por  miedo a perder los privilegios y las dadivas.

Juan Almeida Bosque, Esteban Lazo y Pedro Sáez, por citar unos ejemplos, son de los pocos que han alcanzado una jerarquía importante dentro del aparato de poder. La designación hace algún tiempo de Raúl Gonzales Lovaina, un cubano de piel negra, al frente de uno de los tres grandes ejércitos del país, responde a las críticas vertidas por los actores de cambio en la isla y en el exterior; sin embargo, esos signos no se pueden interpretar como cambios en la mentalidad racista del gobierno.

El futuro del afrocubano en Cuba lo conlleva  a la búsqueda de una democracia como una opción inevitable y buscando además espacios públicos, que serán para el negro cubano la mejor alternativa para demandar sus derechos, los retos son muchos y la voluntad también.

La actual trama política del país crea un nuevo imperativo. Por ser los cubanos de piel negra una mayoría poblacional, sin espacio de poder en el orden oficial y al estar marginados social y económicamente, se comienza a imponer una discusión o debate sobre las relaciones raciales en la isla y el espacio de oportunidad negado.

Y quiero no extenderme  en mi intervención pero quiero llevarlos a la reflexión con unas palabras expresadas por Alejandro de la Fuente, un profesor de la Universidad de Pittsburgh, estados Unidos que formuló:

Seamos francos. Si identificar a la gente de acuerdo con su “raza”, si hablar de negros, blancos y mulatos es,  un pecado contra la humanidad, los cubanos merecemos ser excomulgados en masa. ¿Pero es realmente pecaminoso hablar de un tema tan central en el proceso de formación y representación de la cubanidad? ¿O debemos, por el contrario, reservar la excomulgación para aquellos que se han empeñados en institucionalizar el silencio alrededor de este y otros temas?

Bibliografía consultada: Una nación para todos. Raza, desigualdad y política en Cuba. 1900-2000 (Alejandro de la Fuente).

 Por:

Fernando Edgardo Palacio Mogar

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Acerca de Fernando Edgardo Palacio Mogar
Blogs administrado por Fernando Palacios disidente cubano y miembro del partido liberal nacional cubano, escribe de forma puntal y exhaustiva sobre la realidad cubana tomando sus aportes como uno de los más reales en cuanto a veracidad e información. Fernando, escribe diversos temas entre los cuales tenemos sobre: derechos humanos, economía, política, etc.

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